lunes, 15 de junio de 2015

La angustia es blanca.



Esto es un aviso;
estoy corriendo.

 
Velocidad máxima de huida,
el demonio del autodesprecio
me lleva siguiendo
desde hace unos días,
agazapado detrás
de algún saliente de la calle
o apoyado en un portal.


Sé que sueno loco,
que nadie más puede verlo,
pero está a metros de mí
y lo sé porque el soy yo.


La no existencia parece un sueño
de evasión en delirio blanco.
Tras de ti, cada vez,
pierdo días, semanas y años.
No llegar a nada es la norma,
pero siempre es divertido,
cazar algo que escapa.


Es mejor perseguir a que me persigan,
que me persigan es angustioso,
porque siempre, siempre escapo.


Es lo imprevisible el cebo,
el rechazo da carisma
 al total de la ecuación.
Contigo jugamos así;
el juego siempre
será mejor sin ti.


Ya no sé, no sé escribir.
¿El surrealismo? Mentira.
¿Los besos? Mentira.
Los nombres mentira.
El género mentira, mentira, mentira.


Tu estabas aquí y yo no.
Llegando me perdí
y toqué un timbre
que no era el tuyo.
Cuatro pisos de escaleras
 y en la casa
 me recibieron con gozo,
 alharacas,
 bebidas frías.


Pregunté por ti,
pero no te conocían
y rendido me quedé
entre esa gente
para siempre.

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