miércoles, 13 de marzo de 2013

La rabia.
























Frente a todas esas
burdas representaciones de
un grado inimaginable de preciosa,
inabarcable, infinitamente
delicada belleza femenina,
el ideal estético hecho persona
 (y después imagen),
un poso melancólico
en cada expresión facial.
Un punto de tristeza, tristeza hermosa.
Estética, bajo ningún concepto
 contagiosa .
Cada pequeña y preciosa
modelo llorando por dentro
atrapada en una imagen;
su apreciada vulgaridad humana despojada,
 existencia sacrificada al sentido de la vista.
Despojada de carácter, intereses, vida propia.
Nada mas que una ofrenda a alguna deidad menor.
Convertida en un objeto rendido ante su suerte,
jamás emocionada ante un camino escogido.

Es lo que tiene
reducir
un género al completo
a una patética existencia como objeto decorativo
Para el placer de la vista
¿De quien?

Deidad menor de la inmanencia,
tu que supervisas
cada uno de nuestros movimientos.

Por ti, sólo por ti,
daremos todo:

Nuestras risas, nuestra sed
de vida,
nuestras pieles bien curtidas,
musculatura seca en salazón.
Nuestros lomos erguidos.
Nuestra voz, que sólo tal vez se intercambie
por un par de piernas
como ayuda para el largo camino
hacia la autosuficiencia.

Pero ya vacías, despojadas
de todas nuestras ofrendas
incapaces de respirar
con pulmones contraídos, encharcados en sangre;
sangre vertida hacia dentro
que amorosamente te entregamos
sólo nos quedará
la rabia.