sábado, 21 de septiembre de 2013

Cadáver exquisito



 Poema colaborativo, escrito a medias con Kero:


Es la tangencia de las vidas pasadas,
las flores de sangre,

 lo que nos recuerda a nosotros mismos

 en conversaciones ajenas, con esas

 personas lejanas,

 abren los pétalos todavía en sueños.

 Y al mismo tiempo la chica guepardo

en cada punto suspensivo mantiene una distancia,

 se despereza en la habitación contigua

 entre parafraseadas frases de canciones,

 que suenan y resuenan en la cama, mientras su olor

 se va repartiendo por la casa.

 Y en cada baldosa, cada cara tiene una expresión,

 y cada expresión una palabra, cada ladrillo.

 Pero son solo dos labios los que articulan las palabras,

 y cada poro y cada pelo

 huele a sangre y la chica guepardo,

 meramente intenta tener sexo con lo etéreo, con lo ambiguo,

 con lo que antes no era nada

 y se relame y camina desnuda por la casa

 para poder hacer algo que tocar, acechando en cada esquina

 puede incluso que algo comestible,

 buscando las flores de sangre por cada rincón

 mientras suenan borrachas las campanas de día

 y año nuevo y recuerda mirar en sus manos,

 como gatos maullando en la madrugada,

 después del paseo recuerda mirarse las piernas.



 Comiendo basura iluminada por coches de pintura metalizada,
 
 entre las baldosas,

 entre las gotas,

las flores de sangre se abren a su paso.



 Antes de dormir suelo pisarme la cara,

 para ver si así alcanzo a ver y ella

 no camina mas ya y se recrea

 en su olor dulzón.

 Cuan alto volare mañana.

 Se mira las piernas

 y lame

 y lame.

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