martes, 8 de enero de 2013

Crash
























(Para leer escuchando mientras algo de Angelo Badalamenti)




El ruido del cristal quebrado me sobresaltó
pero los gatos estaban durmiendo y yo
pensé si lo habría imaginado, pensé
si mi imaginación se desarrolla con el tiempo
si la dulce tendencia esquizógena no resbala
pared abajo y me acorrala hacia el centro de la estancia,
si no será este ectoplasma imaginario
rojizo, de apariencia líquida que me rodea
lo que crea esa ilusión de sonido, nacida
de ningún lugar exterior, si no será
que rompo vidrios con la mente,
a falta de un mejor modo de expresión.
Tendré que aferrarme a esa idea o, tal vez,
la carencia de fe empiece a hacer mella.

Ni siquiera alcoholizada, exhausta, liberada
de pensamientos racionalistas gracias al autocastigo
o la droga consigo ya dejar de intentarlo:
 destruir objetos con la mente es una idea
brillante y densa, lista para seducir a cualquiera.
O puede que no sea eso, quien sabe
si en el lenguaje de los ruidos, un crujido es un susurro,
un chirrido una protesta, el estallido del vidrio
pudiera haber sido un grito a pleno pulmón.

Juegan al escondite, no se conforman con sólo ser,
los ruidos nos susurran en su particular lenguaje,
nos hablan desde el extremo opuesto de la habitación.
Se recreaban confundiéndonos a través del sonido
mientras repitiendo el mismo juego de cada tarde
entre el bochorno asfixiante, los gemidos y las ruinas, 
abríamos la puerta invitándoles a pasar.

2 comentarios:

Ke.r.o. dijo...

Y se hizo el silencio.

Alexei dijo...

con Julie Cruise tambien vale no?