lunes, 24 de septiembre de 2012

Querido viejo mundo (II)



Es la era que nos ha tocado en el gran sorteo; un momento histórico de cambio que, al habitar en presente, algo en nosotros se resiste a procesar.
El mundo de fuera va siendo reemplazado poco a poco por otro mucho mas ensimismado con varias, extrañas y volubles fronteras, pero esto es algo que no comprendemos del todo.
La sensación de carencia, de impermanencia, de pérdida es omnipresente.
Van pasando los meses y los años, es como si en cierto modo la realidad del mundo se fuera esfumando poco a poco. Así el sistema va robándonos los árboles, los bancos, las aceras. Los espacios cerrados, los servicios sociales, la sensación de libertad. La tranquilidad, el anonimato, los secretos.
Nadie escapa al ojo que todo lo ve ni se libra de la aldea global.

La extrañeza ante la nueva era nos invade, la ansiedad a veces no nos deja dormir, el relativismo empaña los intentos de fe: todo es verdad y mentira al mismo tiempo.
Lo han conseguido, no queremos creer en ello, pero lo han conseguido.
Le tenemos miedo al miedo, no queremos volver a salir de casa nunca mas, pero no importa. Ahí afuera pronto ya no quedará nada mas que las imágenes que nuestro recuerdo proyecte sobre la terrible nada.

En cualquier momento la última criatura de alguna especie olvidada, frágil e insignificante aspecto, tan diminuta como crucial para el ecosistema, cerrará los ojos vidriosos por última vez.
Entonces todo este castillo de naipes que viene a ser la civilización moderna será derribado por una casi inapreciable corriente de aire, cayendo este ridículo delirio de grandeza en un olvido eterno, perfecto, indescriptiblemente bello.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Idea de un jardín.



Las palabras sobrevuelan la escena sumidas en la confusión. Las palabras nunca son culpables de nada.
Cada gota de saliva evaporándose evoca la imagen de algún tipo de espada o puñal,
el metal recién forjado, aún caliente, se siente naturalmente atraído por la carne,
la busca con pasión, con la inercia de la curvatura producida por el lanzamiento descendente.
Siempre hacia abajo, el filo hechizado por el hueco que conforman los poros de la piel va a parar a uno de ellos: se posa encantado rompiendo la superficie inevitable y limpiamente, sin malicia, casi con ternura.
De cada palabra clavada ha de surgir una gota de sangre; cada una de ellas será un buen día una flor.
El conjunto vegetal tapará los diminutos canales que transcurren por debajo y, de este modo,
ciertas consonantes hiladas podrán formar el tallo, los signos de puntuación serán las hojas,
de las vocales surgirá cada uno de los pétalos redondeados, las frases al completo formarán
las hileras de un jardín oculto, inundado como un arrozal.
Flotando en el, cada una de las buenas intenciones que se hayan podido materializar.
Encalladas en el fondo, entretejidas con las raíces, las angustias abrazadas a los miedos
mientras estos, tan sombríos, permanecen aferrados a la tierra para siempre.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

El esperado aroma del Otoño


Es en días como aquel, en noches como ésta. Durante el cambio de estación, este auténtico y sin embargo jamás oficialmente reconocido principio del año con sus hojas cambiando de color, sus inevitables zapatos nuevos, su vuelta al cole según reza la publicidad, su cielo nuboso sin estrellas. Nuevos planes apenas esbozados y fantasías risibles mil veces aparcadas (supuestamente a la espera de un momento mas apropiado).
Dar la vuelta a todo aquello; invertir el pasado, regresar a aquella casa y encerrarme, enterrarme en ella.
Sin luz ni comida ni agua ni el gato ni plantas, refugiarme bajo diez mantas, sepultarme bajo capas de ropa de viscosa finísima, esconderme entre las hojas de libros manoseados, de papel satinado en primera edición colorista de finales de los años noventa.
Dejar de escribir, de hablar, apagar el móvil y meterlo en un cajón o tirarlo por la ventana o al mar: mejor todavía estamparlo contra el suelo de asfalto indolente de alguna carretera comarcal.
Cerrar las cuentas de las redes sociales, no contestar nunca el teléfono ni el timbre, no abrir la puerta, jamás bajar a la calle, únicamente permitir a mi sombra polvorienta asomarse a la ventana una vez bien entrada la noche y con la condición de agacharse rápidamente en el hipotético caso de descubrir alguna mancha móvil allá abajo en la lejanía.
Esperar. Hacer de la espera un rito, repetir palabras hermosas como oración: que cada minuto de retiro en esa casa sea como un instante precioso de meditación en la montaña.
Esperar que las cosas ahí fuera cambien y las de dentro no sean tan confusas, esperar el tiempo necesario hasta la absoluta renuncia de esta identidad malparada y rendida.
Esperar a que el ego se ahogue en tanto ensimismamiento, que lo diluya la soledad y renacer un buen día, de repente, lejos de este valle estéril como un ser humano nuevo iluminado con la alegría que invade al audaz.

martes, 18 de septiembre de 2012

Gatos de cementerio


Fuimos al cementerio de Montjuic.
Aquí está la segunda serie de fotos de tres:


Sin título

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jueves, 13 de septiembre de 2012

Cementerio de Montjuic


Hoy hemos ido al cementerio de Montjuic.
Aquí está la primera serie de fotos; habrá tres:

Sin título

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miércoles, 12 de septiembre de 2012

Ahora que su imágen ya no está



Me levanto temprano por la mañana después de un sueño agitado en el que ella no aparece.
Preparo un té bien cargado; ni el aroma me recuerda a su cuello ni el borde de la taza lleva la marca de sus labios.
La tostada solitaria que acompaña ese té no cruje del modo en que lo haría su espalda al estirarse por las mañanas, el dulce de la mermelada no se parece en absoluto a su saliva.
Al caminar hasta el trabajo, su sombra no me acompaña por la calle ni me sigue...
Nada altera la quietud del teléfono mientras trabajo, ni cruza mi mente su imagen esperándome apoyada en la puerta de salida del edificio para ir a tomar un café y después quizá incluso al cine al concluir la jornada laboral.
No me acompaña por la calle, ya de noche, ni de pasada asoma ese pensamiento a mi cabeza mientras me dirijo a casa ya pensando en la cena que voy a tomar.
La silla, vacía a mi lado, no recuerda su presencia o su peso. No hay platos ni vasos vacíos para ella, buena prueba de que no la pienso ya.
Y al tocar las sábanas por fin, la cama no recuerda su respiración ni las sábanas reproducen su figura.
En mis sueños ya no hay espacio para ella. Todo es diferente, ahora que su pensamiento no está.

lunes, 10 de septiembre de 2012
























Me rindo a tus manos como una presa mal avenida ya ni desesperada.
Me rindo ante la mirada turbia, nadaré en esas ojeras, cada una de tus pestañas se me ha de clavar.
No será tu culpa la que precipite esto, somos poca cosa en realidad,
extrañas fuerzas aquellas que nos mueven, yo no sé.

Me rindo a tu sangre, mi sangre que corre derramada, se ha sobrado por los bordes de la cama
y cuando abrazándonos nadamos, nos acoge en su interior sin pedir nada.
Estos genes egoístas repulsivos de los que no tiene sentido intentar escapar nos mueven convulsivamente aun sin motivo.

Así que, rendidos, nadamos. Porque ¿Qué otra cosa hacer?.
Rendidos callamos, pues no hay palabras que usar como arma con la que combatir esto.
Rendidos, agotados ya negamos la evidencia y todo lo que ha de venir;
lo futuro, lo pasado, cualquier buen deseo triste y fútil,
nada importa ya aquí dentro, nada alimenta el brillo de una falsa promesa pulida.
Si la derrota es un jardín o un bosque o una selva,
quizá podamos construir cabañas en los árboles
desde las que observar a las fieras durmiendo;
Quizá la noche nos sorprenda entonces,
descubriendo nuevas especies vegetales, encantados.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Imagen mental para días de lluvia.


Me siento enferma, le explico mientras me mira con atención.
Enferma en absoluto, como si no quedara lugar para otro tipo de sentimiento en el mundo; como si la enfermedad hubiera arrasado lentamente con todos los demás, la sangre lo inunda y lo barre todo, aquí no hay espacio para los otros, no quedan buenos pensamientos, no queda nada.

El mira por la ventana y se pone triste porque piensa que ya no le quiero.
Me persigue lamentándose cabizbajo por la casa para apartar la mirada y el lomo cuando le sigo, porque piensa que su presencia sobra así que me mira con pena y me esquiva.

Intento convencerle para que no se marche, pero todo lo que está roto me atrae incluso mas. Y bueno, ¿Puede existir algo que resulte mas atractivo que un gato con el corazón roto?

Lo herido, lo rendido, lo triste, todo aquello que no logramos convencernos para hacer, todas las cosas que dejamos a medias, los sentimientos de derrota sin fundamento, la añoranza de la lluvia, el frío, la pena.
Todo eso reflejan sus orejitas gachas y bigotes mustios. Su cola que arrastra en vez de agitar con orgullo.

"Nadie se muere de amor¿Entiendes? Nadie, tampoco tu"- Le explico. -"Nadie se muere de pena."- Pero calla mientras su mirada fija no me suelta.

Es comprensible que no quiera entender nada.

sábado, 8 de septiembre de 2012



























El vuelo es distinto durante el sueño.
 Es casi como si se tratara de otra cosa, algo un poco menos especial o mas mundano. Algo que comentar con los vecinos en el ascensor. Algo que quizá no le dirías a tu madre por teléfono.
Casi resulta algo cotidiano el volar, no hace falta mas que agarrarse a ese poco de fe restante y dar un salto ligero en cualquier dirección. Preferiblemente, eso sí, en alguna que no conduzca al abismo sólo como medida preventiva en caso de que el descreimiento haga flaquear este maravilloso talento, ya que el duro suelo se ofrece para darnos la bienvenida en cualquier momento.
Aunque levitar es siempre posible en cualquier parte,  puede resultar complicadísimo hacerlo bajo presión.
La luz directa, el exceso de contaminación acústica; incluso alguna mirada demasiado atenta puede hacernos repentinamente demasiado autoconscientes y provocar que el poder se esfume durante la cantidad de tiempo justa, a veces mas que suficiente para provocar el desastre...