miércoles, 7 de noviembre de 2012

Naufragios


Seguirte en cierto camino
es como pasear por un pantano
errar dejando atrás el camino de madera,
las señales de colores pintadas en los árboles.

Es cierta sensación de pérdida a cada paso,
un ligero emponzoñarse hasta mucho mas allá de las rodillas,
empaparse el sexo de barro, astillas y desperdicios ajenos.
Zambullirse hasta el plexo solar en la neblina fantasmal
hundir la carita en un plato de sopa exquisito aunque lleno de gusanos,
beber un mejunje envenenado, mojarse con gotas de sudor que no son de nadie,
llorar lágrimas de cocodrilo en riada, lamentar y adorar
y lamentar de nuevo la autocomplacencia, nadar
en inabarcables mares de autocompasión.

Como criatura mitológica o cefalópodo gigante enamorado, abrazar y destruir
y abrazar de nuevo los barcos. Sentir, como un regalo, el dolor
que produce cada una de las astillas clavadas. Sentir, como un castigo,
el rumor de cada embarcación destruida por errar en la medida del abrazo.
Culpar cada tentáculo, cada brazo, cada bocanada de aire
injustamente por la consecuencia brutal e inmerecida de sus actos.
Envenena, eso si, eso parece,
pero el veneno puede ser mas dulce si cabe
que el mas embriagador de los licores. Puede ser tremenda droga,
incluso resultando encantador, contaminar cada célula del cuerpo con el mal.
Pueden ser de terciopelo los puñales, puede acariciar y destrozar
y acariciar de nuevo el abrazo interno de radiactividad
en cada célula del cuerpo. Puede cada una de ellas sentirse adormecida,
incluso amada, mientras el mal metastatiza en los adentros.
Amargo veneno el sabor (ay) el remedio que pudiera combatir la enfermedad,
porque puede el mal ser vírico y ser dulce como ninguna otra cosa al mismo tiempo.

Es que amar una sustancia tóxica es escoger la mas certera de las muertes
querer así, en absolutos, es hundirse en las arenas movedizas.
Abandone toda esperanza cualquier casual caminante, nadie ha de tender una mano
a aquellos que sólo anhelan destrucción. Adorar una enfermedad terminal
significa invariablemente enfermarse poco a poco; rendir culto
a una destrucción temprana, aunque no por ello menos brillante.
Nombrar dios al virus, condecorar a la droga,
enarbolar la bandera de la toxina; sentir orgullo de este vicio atroz.
Sentir cariño y renunciar a la cura, sentir nostalgia
y enfermar del todo.


1 comentario:

Lucas Loomis dijo...

Definitivamente se hace necesario un regreso a la religión primitiva, al océano primigenio, arrebatar el poder a Set (emperador de los tiempos contemporáneos).