miércoles, 7 de noviembre de 2012

Idolatría.

Ante semejante vacío apremia la necesidad
de encontrar uno o varios dioses, pero
¿A quien culpar ante esta falta de fe?
Si ahí arriba lo único que devuelve el saludo
 son ciertas extrañas formaciones nubosas.
A falta de fe, podríamos
crear una figura mitológica cualquiera,
fingir que siempre estuvo ahí,
olvidar el camino de la idolatría,
hacia el cual se nos empuja sin piedad
ya desde el nacimiento, explorar,
 en busca de caminos nuevos,
quizá todavía a tiempo de escapar
ante la cornamenta del becerro.
Adorar a la nueva creación, adorarla
como los antiguos hicieran con el astro rey;
abrazar la nueva fe orgullosos, exultantes,
 abandonando así el vacío testigo del descreimiento,
 posteriormente relleno de materialismo.
 Sonreír y bailar.
Dar la bienvenida al nuevo niño Dios
que nos saludará desde lo alto con benevolencia,
ajeno como fantasía que es a nuestros intereses.

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