jueves, 18 de octubre de 2012

II


Adoraba sus esquirlas,
 los diminutos fragmentos
me gustaba acariciar los trocitos restantes
lamer las virutas en el suelo
admirar el reflejo de la luz en esos pedazos,
el brillo irisado que provocaba el agua
resbalando sobre ellos, los ríos de sangre resbalando,
mezclados con gotitas de agua surgida del hielo,
derretido con el calor de estos abrazos intrascendentes cada vez
que saltaba sobre ellos, cuando todavía
no habían quebrado del todo la carcasa.

Es que los enteros simplemente se abrazan (al menos eso dicen).
Pero uno entero se ha de clavar los pedazos de uno roto si lo intenta, aunque sea, rozar nada mas...
Mientras que, de estar rotos los dos, poco pueden hacer mas que chocarse para esparcer los fragmentos diminutos a su alrededor en cada intento infructuoso.

1 comentario:

Antero dijo...

romperse crea. y contagia creación.

fuerte y bello el poema.