martes, 30 de octubre de 2012

Extraño mar






Sumergirse de nuevo en ese mar de cuerpos,
cálido y cercano que nos envuelve,
rodea cada poro de la piel
atacando por todos los flancos
asedia dulcemente
todos los frentes a la vez.

Pensamientos de saliva se derraman
de los labios hasta el cuello,
se deslizan cuerpo abajo,
van a parar a un río que se mezcla
con todos los otros ríos,
ríos tuyos y míos, que confluyen en un único caudal,
desembocando en el inevitable nudo de cuerpos.

El mar nos seduce, utiliza su propio canto;
es brazos agitándose sin cesar,
manos que se aferran como tenazas,
dedos que se retuercen con desesperación.
Los brazos nos atraen hacia allí
su movimiento frenético nos congela,
precavido por si acaso tuviéramos algún interés en escapar,
su mutismo como danza hace inevitable el naufragio
una muerte lenta y dulce por asfixia,
de un pálido color carne.