lunes, 24 de septiembre de 2012

Querido viejo mundo (II)



Es la era que nos ha tocado en el gran sorteo; un momento histórico de cambio que, al habitar en presente, algo en nosotros se resiste a procesar.
El mundo de fuera va siendo reemplazado poco a poco por otro mucho mas ensimismado con varias, extrañas y volubles fronteras, pero esto es algo que no comprendemos del todo.
La sensación de carencia, de impermanencia, de pérdida es omnipresente.
Van pasando los meses y los años, es como si en cierto modo la realidad del mundo se fuera esfumando poco a poco. Así el sistema va robándonos los árboles, los bancos, las aceras. Los espacios cerrados, los servicios sociales, la sensación de libertad. La tranquilidad, el anonimato, los secretos.
Nadie escapa al ojo que todo lo ve ni se libra de la aldea global.

La extrañeza ante la nueva era nos invade, la ansiedad a veces no nos deja dormir, el relativismo empaña los intentos de fe: todo es verdad y mentira al mismo tiempo.
Lo han conseguido, no queremos creer en ello, pero lo han conseguido.
Le tenemos miedo al miedo, no queremos volver a salir de casa nunca mas, pero no importa. Ahí afuera pronto ya no quedará nada mas que las imágenes que nuestro recuerdo proyecte sobre la terrible nada.

En cualquier momento la última criatura de alguna especie olvidada, frágil e insignificante aspecto, tan diminuta como crucial para el ecosistema, cerrará los ojos vidriosos por última vez.
Entonces todo este castillo de naipes que viene a ser la civilización moderna será derribado por una casi inapreciable corriente de aire, cayendo este ridículo delirio de grandeza en un olvido eterno, perfecto, indescriptiblemente bello.

No hay comentarios: