domingo, 9 de septiembre de 2012

Imagen mental para días de lluvia.


Me siento enferma, le explico mientras me mira con atención.
Enferma en absoluto, como si no quedara lugar para otro tipo de sentimiento en el mundo; como si la enfermedad hubiera arrasado lentamente con todos los demás, la sangre lo inunda y lo barre todo, aquí no hay espacio para los otros, no quedan buenos pensamientos, no queda nada.

El mira por la ventana y se pone triste porque piensa que ya no le quiero.
Me persigue lamentándose cabizbajo por la casa para apartar la mirada y el lomo cuando le sigo, porque piensa que su presencia sobra así que me mira con pena y me esquiva.

Intento convencerle para que no se marche, pero todo lo que está roto me atrae incluso mas. Y bueno, ¿Puede existir algo que resulte mas atractivo que un gato con el corazón roto?

Lo herido, lo rendido, lo triste, todo aquello que no logramos convencernos para hacer, todas las cosas que dejamos a medias, los sentimientos de derrota sin fundamento, la añoranza de la lluvia, el frío, la pena.
Todo eso reflejan sus orejitas gachas y bigotes mustios. Su cola que arrastra en vez de agitar con orgullo.

"Nadie se muere de amor¿Entiendes? Nadie, tampoco tu"- Le explico. -"Nadie se muere de pena."- Pero calla mientras su mirada fija no me suelta.

Es comprensible que no quiera entender nada.

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