viernes, 21 de septiembre de 2012

Idea de un jardín.



Las palabras sobrevuelan la escena sumidas en la confusión. Las palabras nunca son culpables de nada.
Cada gota de saliva evaporándose evoca la imagen de algún tipo de espada o puñal,
el metal recién forjado, aún caliente, se siente naturalmente atraído por la carne,
la busca con pasión, con la inercia de la curvatura producida por el lanzamiento descendente.
Siempre hacia abajo, el filo hechizado por el hueco que conforman los poros de la piel va a parar a uno de ellos: se posa encantado rompiendo la superficie inevitable y limpiamente, sin malicia, casi con ternura.
De cada palabra clavada ha de surgir una gota de sangre; cada una de ellas será un buen día una flor.
El conjunto vegetal tapará los diminutos canales que transcurren por debajo y, de este modo,
ciertas consonantes hiladas podrán formar el tallo, los signos de puntuación serán las hojas,
de las vocales surgirá cada uno de los pétalos redondeados, las frases al completo formarán
las hileras de un jardín oculto, inundado como un arrozal.
Flotando en el, cada una de las buenas intenciones que se hayan podido materializar.
Encalladas en el fondo, entretejidas con las raíces, las angustias abrazadas a los miedos
mientras estos, tan sombríos, permanecen aferrados a la tierra para siempre.

No hay comentarios: