domingo, 5 de agosto de 2012



Sin título


El ruido atraviesa la cabeza, se cuela despacio entre las paredes mientras alguien me clava las uñas con saña, me araña: la piel y las manos, los labios, el pecho...Creando heridas que duran días o semanas.

La cicatriz ardía por el calor y al pensar si todo eso era buena idea, el otoño, que llevaba durando un poco mas de tres años, terminó de repente.
Fundido a negro y me encuentro corriendo deprisa como poseída por quien sabe qué tipo de animal salvaje.
Negro otra vez.

Y ahora estoy tumbada desnuda en medio de esta selva oscura que emite cierto ruido ensordecedor e incomprensible, apreciando el sabor de la sangre ajena que me llena la boca y no entiendo por qué ni cómo ha llegado hasta aquí o de quien será, si alguien vendrá a reclamarla, si tengo derecho a negársela en caso de que eso ocurra.
Así me pregunto, lamiendo hasta la última gota, si mirar o no hacia atras cuando sin motivo aparente (aunque con pasmosa certeza) intuya la sombra de una fiera que ha de intentar partirme el cuello de un mordisco. Como si fuera nada mas que una rama, cegada y poseída por la sed de sangre de otros que yo robé sin darme cuenta, hace tanto tiempo...

No hay comentarios: