lunes, 13 de agosto de 2012

Querido insomnio (III)


























Este dolor agónico, punzante, invisible que debo soportar me agrede hasta llegar al delirio. Un poco de magia blanca bastaría para adormilarlo, pero hace ya tiempo que la magia no funciona en esta casa y me despisto entre la línea de pensamiento y la luz de las velas.

Escucho y callo, las palabras atraviesan los tímpanos para convertirse en serpientes que, allá dentro, mordisquean cada resquicio de positividad, cada deseo no formulado, cada sonrisa que es transformada en gotas de bilis negra reptando por los recovecos del cerebro hacia abajo, siempre abajo.

No hemos de buscar esa tierra prometida de la que hablan otros en los brazos de nadie. La nausea se agolpa en la garganta, la sangre y el vómito se mezclan en el estómago, se deslizan torso arriba hasta colapsar estos pulmones contraídos y hastiados.
Tres, treinta y cinco, trescientas cuarenta horas mas adelante termina el dolor agónico y al fin llega el olvido del sueño a cubrirlo todo otra vez, otra vez.

No hay comentarios: