domingo, 12 de agosto de 2012

Querido insomnio (II)

Tu presencia se parece al momento de la expulsión en un extraño país.

Cada noche en blanco que sucede en esta vida se ha de guardar en un archivo, nada mas que un regalo para mas adelante, cuando quizá añoremos la ligereza de esta existencia y necesitemos recordar.
Entonces, la angustia de todo el sueño que no ha de ser desaparecerá reemplazada por un abandono regalado que roza un coma lleno de sonrisas, de cesped, de baños en lagos lejanos de aguas calmas.

Mientras pienso todo esto la sombra acecha de nuevo detrás de mi y sé que está esperando desde hace mucho tiempo; me susurra canciones extrañas al oído, formadas por gruñidos suaves que buscan distraerme. Espera el momento apropiado, ese momento que ha de llegar, para saltar sobre mi propia sombra fugaz y devorarla en tres bocados dejándome aquí sin réplica sombría en esta vida por culpa de un mero descuido.

Ansía devorar el alma de mis manos, las olisquea mientras me hago la dormida.
Comprende bien dónde morder, pues quien o qué sería yo con las manos cortadas, qué hacer con estos miserables muñones desahuciados y vacíos cuando sangren delirio, abandono y saliva ácida de animal...

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