sábado, 11 de agosto de 2012

Melatonina




Me gusta estar sola en casa porque no me tengo que vestir. Es un placer dejarse caer de la cama al suelo de baldosas con abandono, restregar el sudor tibio por el suelo.
Abrazar despacio la posición vertical y meter la cara debajo del grifo con la parsimonia de un felino desperezándose.
El calor ya no nos afecta, es algo que he descubierto recientemente. El calor nos atraviesa como si fuéramos una construccion de mimbre, el calor no existe, no hay calor. La palabra va perdiendo el sentido poco a poco a fuerza de tanto repetirla, entonces "Calor" podría hacer referencia a cualquier cosa, como por ejemplo una parte poco conocida del cuerpo humano o algun tipo de ave tropical.
 Las fantasías de extinción, los arrebatos violentos, las ganas de huir se van diluyendo poco a poco en la dulce nada de los días que transcurren sin grandes sobresaltos, la brisa estival que golpea la cara, el gato quejándose, facturas sin pagar que gritan desde la estantería. Ni la luna, la tramontana ni otros muchos fenómenos razonables añaden dato alguno a nada de esto asi que, por mas que me guste culpar al clima, esta vez he de abstenerme.
Se supone que debo tomármelo con naturalidad, no buscar tres pies al gato, dejar las cosas fluir, no enfadarme, no obsesionarme, no obsesionarme, no obsesionarme.
Cómo decirte entonces que me das ganas de gritar, a veces.
Que tejería tus palabras para fabricar una mordaza que te impida dejar caer de esa boca tanta cosa sin sentido encadenada, encaminada en mi dirección.

Quiero que dejes de pensar en mi durante un rato porque me apetece beber sola, asi que suéltame ahora. Necesito dormir.

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