domingo, 12 de agosto de 2012


























Lo pienso cada vez que noto divergencias en las dinámicas de poder que nos rodean.
Cada supuestamente ligera agresión contra este carácter o espacio, supuesta condición femenina como excusa (motivo, dicen) mediante, que espera silencio y afirmación como respuesta, es un corte.
Cada imperativo una cucharada que no comerás. Nunca estaré con uno de vosotros, tenedlo bien claro.

Preciosa, ridícula quimera de individualidad de la que nos salvó una simple letra repetida. Aquí estamos para mentir sonrientes, mi querida; diciendo a todo que si.
Cada deseo no satisfecho un golpe en el clavo que ha de atravesarnos las manos hasta fundirlas con esta cruz de la que podemos permanecer colgadas durante años si así alguien lo decide. Si es que finalmente resulta necesario.
Lo haremos a fuerza de no ceder y sentiremos a cambio la piel de estas manos frágiles desgarrándose por el peso de un cuerpo absurdo y blanco que desconoce el contacto con el sol.

Cada resto, cada delirio de rendición ajena se ha de materializar sobre esta mesa olvidada incapaz de atar, porque mis agujas nunca han de clavar a nadie a ninguna pared...
Porque yo no sé ya ni quien soy, no sé quien escribe estas letras ni a quien hace referencia esta primera persona tan empeñada en hacer hincapié en la carga dramática de la existencia. Yo sólo escribo...Y fantaseo con tu cuerpo, su cuerpo, como mi libreta...

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