lunes, 20 de agosto de 2012
























Quiero que empieces a contar ahora.
Sólo cuando yo te lo diga
y organicemos por decenas ese juego tan divertido como poco original.
Funciona así:

La primera decena sonará como una risa infantil despreocupada.
La segunda es una sospecha de engaño sin fundamentos.
La tercera una burla cruel de origen desconocido, que para colmo da en el clavo.
La cuarta son simplemente unos labios.
La quinta es un secreto que alguien grita en un espacio público.
La sexta un castigo aplicado injustamente.
La séptima es la certeza de que algo saldrá mal.
La octava un poquito de ansiedad muy poco disimulada.
La novena un deseo intenso, inmenso e inabarcable que aumenta para ir a parar
hasta la décima, donde las volutas de deseo reprimido y controlado estallan en blanco
iluminando la habitación durante algunos segundos con un resplandor fugaz.


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