domingo, 29 de julio de 2012



Sin título





Te miro y es extraño...
Pienso en lo que debe de sentir un gato al ser cegado por las luces de un coche en el segundo de consciencia previo a la muerte.
 La sensación que produce una caída inesperada o una zambullida imprevista. Ese primer choque atravesando el agua, cuando la sensación es envolvente y demasiado intensa.
También recuerdo la primera vez que vi una polilla atravesada por un alfiler, clavada en una tela. Estaba dentro de un marco y me dio infinita pena pensar en los instantes agónicos e interminables que debió de pasar justo antes de rendirse ante lo inevitable.
Pero ahora veo que, de algún modo, en aquel momento no comprendía nada.

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