miércoles, 25 de julio de 2012




























Lo busqué vagando por las calles de noche, sin rumbo.

Dormí en estaciones de tren vacías.
Después miré por la ventana de esos trenes que esperaba durante horas y había antiguas fábricas con heridas de metralla,llenas de vegetación.
Me colé en portales; gracias a eso encontré preciosos patios interiores llenos de plantas olvidadas.
Dentro de fábricas abandonadas llenas de herrumbre, de barro, de chicas con perros.
Paseé durante horas por diferentes bibliotecas. Habité el contenido de sus libros durante años, sin suerte.
Me manché con el polvo de sus páginas deshechas,  todavía huelo a esa mezcla de tinta.
Corría por los pasillos huyendo de las polillas.
Tuve que enseñar al gato a cazarlas; ahora son su manjar favorito, pero la cosa estuvo cerca.

Pensé en saltar en diversos escenarios: terrazas, balcones, acantilados, andamios, árboles altos, puentes, barcos, incluso estaciones de metro (llenas y vacías).
Es importante darle variedad a esta vida, incluso en los momentos en los que uno piensa en acabar con ella.

Pero era esto lo que añoraba, pienso.
No estaba escondido en una casa vacía ni trataba de escapar del abrazo de un cerrojo, lo entiendo al caer de bruces al suelo. Esto que no se como nombrar, que creia muerto para siempre, cae de mis manos al verle durmiendo, tan ajeno a todo.
Cuando despierta la vía láctea brilla en sus ojos. Nebulosas y estrellas me miran con devoción.

Dos o tres días despues, se marcha.
Y yo, mientras vuelve, sigo en estas...





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