domingo, 29 de julio de 2012




























La palabra hiere de muerte el momento, es eso lo que siempre ocurre.
La cosa está a punto de llevarse a cabo, tan cerca, a unos escasos centímetros de la punta de los dedos,
sin interés aparente en escurrirse en cualquier otra dirección.
Si ya hemos llegado hasta aquí no veo por qué no celebrar un poco la incoherencia, el absurdo, la belleza de la vida.
A punto está la cosa de ocurrir cuando, de repente, algo cambia en la brisa, la presión atmosférica, la contaminación acústica.
Será porque es lunes (día de la luna) o qué se yo, pero algo intangible se deshace entre nosotros en el momento exacto en que se rompe el silencio.
Entonces, por algún motivo, recuerdo el olor dulzón del sudor de otra persona que besé mas de cien veces algunos años atrás y soy tristemente incapaz de nombrar.
Quizá este recuerdo sea regalo del subconsciente, pienso, que ha aceptado ya este beso nuestro que no será... Pero procuraré esta vez, ya que no he de besarte, al menos recordar tu nombre.


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