viernes, 11 de mayo de 2012

Cómo decir que no.

El calor es asfixiante y opresivo.
El calor aprieta, ahoga, atrae las miradas de todos aquellos con los que me cruzo por las calles.

La vista sigue el recorrido de las gotas de sudor hacia abajo, siempre abajo,
donde cruzan sus miradas con las mias y el bochorno hace que nuestros pensamientos confluyan en un lugar común casi incómodo.
 
Es preludio de lo que ha de venir, mas de tres meses de sudores solitarios y compartidos,beber y sudar, beber y follar, apatía estival repitiéndose en bucle.
Delirio al pensar en un vaso de agua.
El sudor resbala espalda abajo, ahí adonde las miradas no llegan.

Y todos pensamos en lo mismo.
Lo se mientras esquivo por las calles, lo sé y basta.

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