jueves, 26 de abril de 2012

Oliverio Girondo y otras fiestas



Es curiosa la manera en que nos topamos con las cosas a veces...

Como redescubrir a Benedetti un lunes por la mañana gracias al "Libros a la calle" del metro de Madrid (una iniciativa maravillosa que merece sin duda una entrada propia).


O descubrir a Girondo por casualidad, gracias a una película diez (o mil) veces vista, con el  poeta escupiendo los versos a su muerte mientras esta le sigue por la ciudad.







Comunión plenaria

Los nervios se me adhieren
al barro, a las paredes,
abrazan los ramajes,
penetran en la tierra,
se esparcen por el aire,
hasta alcanzar el cielo.

El mármol, los caballos
tienen mis propias venas.
Cualquier dolor lastima
mi carne, mi esqueleto.
¡Las veces que me he muerto
al ver matar un toro!...

Si diviso una nube
debo emprender el vuelo.
Si una mujer se acuesta
yo me acuesto con ella.
Cuántas veces me he dicho:
¿Seré yo esa piedra?

Nunca sigo un cadáver
sin quedarme a su lado.
Cuando ponen un huevo,
yo también cacareo.
Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo.





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